Una galaxia se parece a una tortita luminosa salpicada de estrellas. Si la miras de frente, ves todo a la vez: los brazos brillantes y las capas oscuras de polvo. Pero basta con inclinar la tortita para que la imagen cambie: las capas se superponen y la luz se mezcla. Precisamente este efecto, según se ha descubierto, crea la ilusión de una estrecha relación entre la emisión de radio y la de rayos gamma en sistemas estelares lejanos.
Antes, los astrónomos creían que el brillo sincronizado en diferentes rangos era señal de que las partículas rápidas (rayos cósmicos) gastan toda su energía dentro de su galaxia natal, como el agua absorbida por una esponja. Pero un nuevo trabajo con modelos virtuales de la Vía Láctea ha demostrado que la correlación surge por sí sola cuando la línea de visión atraviesa el disco galáctico de parte a parte. Incluso si las partículas escapan libremente al espacio intergaláctico, el observador sigue viendo una relación ordenada, simplemente porque mira la estructura en capas desde un ángulo favorable.
Los autores construyeron un modelo tridimensional de nuestra Galaxia con diferentes distribuciones de gas, campos magnéticos y fuentes de rayos cósmicos. Luego la "observaron" desde fuera en distintos ángulos. Resultó que la habitual relación lineal entre la señal de radio y el flujo gamma es casi una consecuencia inevitable de la geometría: la radiación proviene de un volumen enorme donde las regiones brillantes y tenues se promedian a lo largo de la línea de visión. La inclinación del disco casi no estropea la imagen, pero si giras la galaxia exactamente de canto, la línea ordenada se desmorona.
Este enfoque convierte la dispersión de los puntos en los gráficos de la relación radio-gamma en una herramienta. En lugar de buscar allí indicios de un "calorímetro" para rayos cósmicos, se puede reconstruir la forma de la galaxia y la facilidad con que las partículas la abandonan. Esto es especialmente valioso para sistemas lejanos, donde los detalles de la estructura no se pueden ver directamente. Y entonces, la tortita lejana, girada hacia nosotros en un ángulo desconocido, empieza a contarnos un poco más de sí misma.
Los rayos cósmicos no son rayos en el sentido habitual, sino núcleos atómicos acelerados a velocidades cercanas a la de la luz. Una sola de estas partículas lleva la energía de una pelota de tenis en vuelo.
En la novela "Cita con Rama" de Arthur C. Clarke, la geometría juega un papel clave: la nave cilíndrica de los alienígenas revela sus secretos solo con cierta iluminación y desde cierto ángulo.