Energía y partículas emitidas por una estrella que pueden influir en objetos cercanos.La radiación estelar abarca todo el espectro electromagnético y el flujo de partículas emitido por una estrella, desde ondas de radio hasta rayos gamma, junto con partículas cargadas como el viento solar. Esta radiación es el principal medio por el cual una estrella influye en su entorno, moldeando atmósferas planetarias, impulsando el clima espacial e incluso desencadenando fenómenos como las auroras. El equilibrio entre la presión de radiación de una estrella y su atracción gravitatoria determina la estructura de sus capas externas, y la propia radiación transporta energía que puede calentar, ionizar y arrancar material de objetos cercanos. Comprender la radiación estelar es crucial para interpretar las observaciones de las estrellas y para evaluar la habitabilidad de exoplanetas.
El estudio de la radiación estelar comenzó con el desarrollo de la espectroscopía en el siglo XIX, cuando científicos como Joseph Fraunhofer y Gustav Kirchhoff analizaron el espectro solar. El concepto de viento solar fue propuesto en la década de 1950 por Ludwig Biermann y posteriormente modelado por Eugene Parker en 1958.
La radiación estelar se origina en la fusión nuclear en el núcleo de la estrella, que produce energía que gradualmente se abre camino hacia afuera a través de zonas radiativas y convectivas antes de escapar de la fotosfera. El espectro de esta radiación se aproxima a una curva de cuerpo negro, con la longitud de onda pico determinada por la temperatura superficial de la estrella. Además de fotones, las estrellas emiten un flujo de partículas cargadas (el viento estelar) que puede interactuar con los campos magnéticos y las atmósferas planetarias. Los títulos de los corpus abordan fenómenos relacionados: prominencias estelares que desencadenan ráfagas de radio, rayos cósmicos acelerados por agujeros negros y el papel de la radiación en la formación de atmósferas planetarias.
La radiación estelar es un factor clave en el diseño de naves espaciales y satélites, que deben resistir el daño por radiación, y en la evaluación del potencial de vida en exoplanetas al estudiar cómo la radiación de sus estrellas anfitrionas afecta sus atmósferas.
La presión de radiación del Sol es lo suficientemente fuerte como para alejar partículas de polvo, creando la anti-cola de un cometa, un fenómeno donde la cola de polvo apunta hacia el Sol, no en dirección opuesta.









