El cerebro constantemente hace malabares con tareas: a veces reacciona a un sonido agudo, a veces resuelve una ecuación, a veces se sumerge en ensoñaciones. Los científicos sospechaban desde hace tiempo que detrás de esto hay cambios entre diferentes "guiones" de trabajo de las redes neuronales, pero era difícil extraerlos del caos de señales eléctricas. Ahora los investigadores han aplicado un modelo computacional, similar a un director que, entre muchos instrumentos, distingue tres partes principales: la reacción al mundo externo, el procesamiento de información y la actividad espontánea.
El modelo se entrenó con registros de actividad eléctrica cerebral de 114 personas en estado de reposo. Logró extraer factores ocultos que controlan la dinámica de las redes y mostró que las oscilaciones de redes neuronales en la región parietal son la clave de la flexibilidad del pensamiento. Es como encontrar el regulador principal de volumen y timbre en una orquesta, donde cada músico es un grupo separado de neuronas.
Esta separación ayuda a entender cómo el cerebro cambia entre concentración y distracción, entre percepción y reflexión. En el futuro, esto podría conducir a nuevos métodos de diagnóstico de trastornos de atención o a interfaces que lean con mayor precisión las intenciones de una persona.
La región parietal participa incluso en acciones simples: cuando alcanzas una taza, coordina los movimientos del brazo, y cuando miras las estrellas, ayuda a estimar distancias.
La idea de cambiar los modos del cerebro recuerda a los "modos" en la novela de Daniel Keyes "Flores para Algernon", donde la inteligencia del protagonista cambia a saltos.