Dos buzones en extremos opuestos de la ciudad. Metes una carta en uno y, al instante, aparece una idéntica en el otro. Así funciona, más o menos, el entrelazamiento cuántico: dos partículas se comportan como una sola entidad, incluso si las separas a gran distancia. Pero hasta hace poco, ese vínculo solo se podía mantener dentro de una misma habitación o sobre una mesa de laboratorio. En cuanto separabas las partículas de verdad, el vínculo se rompía.
En el nuevo trabajo, los científicos tomaron dos diminutos chips de silicio — un transmisor y un receptor — y los conectaron con una fibra óptica de 80 kilómetros. En el chip transmisor nacían pares de fotones entrelazados de una manera especial: no por polarización (como la luz a través de gafas), sino por la trayectoria que siguen dentro del circuito. Es como dos gotas que siempre caen en el mismo punto, aunque se rocíen desde frascos distintos. Antes, ese truco con las «trayectorias» no funcionaba a grandes distancias: la más mínima vibración de la fibra rompía la sincronía.
Para comprobar si el entrelazamiento se había perdido por el camino, los investigadores midieron la llamada fidelidad del estado de Bell — un indicador de cuán bien las dos partículas siguen siendo un «organismo único». Obtuvieron un 85,7%, muy por encima del límite clásico del 50% que se puede alcanzar sin magia cuántica. Luego, en el mismo montaje, ejecutaron el protocolo de criptografía cuántica BBM92 y obtuvieron una clave segura a una velocidad de 2 bits por segundo. Lenta, pero absolutamente protegida: cualquier intento de espiar destruiría el entrelazamiento y delataría al espía.
Así, los chips de silicio, similares a los que hay en nuestros ordenadores, demostraron por primera vez que el entrelazamiento puede distribuirse entre ciudades sin montajes de laboratorio voluminosos. Esto no es solo un experimento bonito, sino una apuesta por las futuras redes cuánticas, donde la información se transmita con la garantía de que nadie la ha interceptado. Porque lo importante en una red así no es la velocidad, sino la confianza.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2604.26791
Long-range quantum entanglement is essential for building large-scale quantum networks and unconditionally secure cryptographic systems based on quantum key distribution (QKD). While photonic integrated circuits offer a highly scalable platform, the fragility of phase coherence between spatial modes has prevented the distribution of path-encoded entanglement over long distances. Here, we report chip-to-chip distribution of path-encoded entangled states over 80 km between fully integrated silicon photonic transmitter and receiver chips. Telecom-band entangled photon pairs are generated via spontaneous four-wave mixing in on-chip spiral waveguides and distributed between chips over a dual-core, actively stabilized fiber link. Upon distribution, we measure a Bell state fidelity of $$85.7 \pm 0.2 \%$$. Implementing the BBM92 protocol with the same source, we obtain a secure key rate of 2.03 bit/s in the infinite-key regime. These results establish silicon photonic chips as a viable platform for long-distance path-encoded entanglement-based quantum key distribution, paving the way toward scalable, device-independent quantum networks.
La velocidad de 2 bits por segundo parece ridícula comparada con los megabits del internet doméstico, pero ya es suficiente para renovar la clave de cifrado una vez por minuto en negociaciones ultrasecretas.
En la serie «The Expanse», el entrelazamiento cuántico se usa para comunicarse al instante entre naves, pero en la realidad no transmite información más rápido que la luz — en cambio, la hace invulnerable a la interceptación.