La palma de la mano sobre una placa caliente siente el calor, incluso cuando el aire alrededor parece fresco. Algo similar ocurre con los electrones en el efecto Aharonov-Bohm: la partícula percibe el voltaje eléctrico, aunque entra en una región donde el campo ya está apagado. La versión eléctrica del efecto —cuando el voltaje (potencial escalar) cambia con el tiempo y desplaza la fase de la onda electrónica— ha permanecido solo en el papel. Nadie ha realizado un experimento con potenciales apantallados y variables en el tiempo.
Los autores del nuevo trabajo proponen llenar este vacío. La idea es hacer pasar electrones individuales a través de un interferómetro y aplicar un pulso corto de voltaje a la región apantallada. Si la parte escalar del potencial no es solo una convención matemática, sino un campo real, el electrón lo sentirá y producirá un desplazamiento de fase característico. Este desplazamiento depende de la frecuencia del pulso no como un seno (la contribución habitual), sino como uno menos coseno. Las dos señales son ortogonales — se pueden separar variando suavemente la frecuencia.
El experimento requerirá precisión de picosegundos — el tiempo de activación del pulso es comparable al tiempo que tarda el electrón en atravesar el dispositivo. Estas tecnologías ya existen. En esencia, el experimento plantea una pregunta que ha estado en el aire desde 1959: ¿es la condición de Lorentz simplemente una elección conveniente o una ley fundamental? La respuesta podría mostrar que el espacio 'vacío' no está tan vacío, y que los electrones sienten lo que solíamos considerar invisible. Como la palma sobre una placa que se enfría: el calor se ha ido, pero su rastro aún se puede percibir.
El efecto Aharonov-Bohm eléctrico se parece a la situación de calentarse las manos sobre una placa apagada: el calor ya ha desaparecido, pero la onda de calor aún no ha llegado a las palmas. Solo que aquí, en lugar de calor, hay voltaje eléctrico, y en lugar de palmas, un electrón.