Por primera vez, los científicos midieron cómo se distribuyen la densidad, el ritmo de expansión y la curvatura del espacio en la parte más cercana del universo. Resultó que, a escalas de hasta 300 millones de años luz, la curvatura contribuye notablemente (alrededor del 10%), mientras que las pequeñas inhomogeneidades apenas influyen. Es como un cuenco: su forma determina el movimiento de las canicas más que los pequeños arañazos. ¿Qué más esconde la estructura de nuestro vecindario cósmico?
El espacio, bajo el efecto de la gravedad, se hunde como una manta tensa: las galaxias y sus cúmulos crean depresiones y protuberancias, y la principal contribución a la curvatura proviene de la invisible materia oscura (descubrimiento vinculado a Vera Rubin). Los astrónomos trazaron un mapa del espacio local usando datos del movimiento de miles de galaxias (catálogo Cosmicflows-4++, teniendo en cuenta el corrimiento al rojo y las velocidades peculiares) mediante simulaciones por ordenador.
Resultó que la curvatura contribuye aproximadamente un 10% a la expansión y no disminuye en distancias de hasta mil millones de años luz. Esto contradice el modelo estándar, que, basándose en la radiación de fondo de microondas, considera que el universo es homogéneo. Las irregularidades locales distorsionan las mediciones de la energía oscura en decenas de porcentaje — lo que significa que podríamos estar equivocándonos en su estimación. Es sorprendente que vivamos dentro de una «depresión» así, que está inserta en un vacío aún mayor, como una matrioska cósmica. Tener en cuenta este relieve ayudará a refinar la imagen del mundo iniciada por Edwin Hubble y Georges Lemaître.
🎯 Nuestro universo se asemeja a una matrioska: vivimos en una «burbuja» rodeada por una «pared» de supercúmulos, que a su vez está inmersa en un vacío gigante.