Una tetera común: la calientas, sube la temperatura y con ella el desorden molecular, sale vapor. Pero en el laboratorio crearon una «tetera» inusual: un agujero negro analógico hecho de circuitos superconductores enfriados al límite. La idea de William Unruh permitió imitar las características principales de los agujeros negros reales: la captura de ondas y la temperatura predicha por Stephen Hawking.
La principal rareza: aquí el vínculo entre el calentamiento y la entropía (medida del desorden) se puede romper. En un agujero negro real, la temperatura está rígidamente ligada a la masa: cuanto más pesado, más frío. Pero en la versión de laboratorio se puede cambiar sin afectar el estado interno: como si la tetera se calentara pero no saliera vapor. El comportamiento del sistema se divide en dos mitades independientes: la térmica y la del «desorden».
Sin embargo, sorpresa: ningún modelo conocido de gravedad describe estas muestras. Los científicos tomaron el camino inverso: en lugar de ajustar la teoría, diseñan circuitos superconductores con las propiedades deseadas. Así, la búsqueda de reglas cuánticas para el espacio-tiempo curvado se convierte en una tarea de ingeniería de precisión.
Fue Jacob Bekenstein quien primero sugirió que los agujeros negros tienen entropía, y la relacionó con el área del horizonte de eventos.
En la película «Interstellar», el agujero negro curva el tiempo: los sistemas analógicos permiten ver efectos similares a escala de un microchip.