El primer exoplaneta se descubrió cerca de un inusual faro cósmico: una estrella de neutrones conocida como púlsar. Estos restos superdensos de estrellas muertas giran a velocidades enormes y emiten pulsos de radio muy precisos. En 1967, Jocelyn Bell Burnell captó esas señales, que al principio se confundieron con un mensaje extraterrestre.
Ahora los científicos han encontrado una nueva forma de «escuchar» los planetas alrededor de los púlsares. Además de los pulsos, la estrella emite un viento continuo: un chorro de partículas cargadas que viaja casi a la velocidad de la luz. En medio de este huracán, el planeta se convierte en un obstáculo: al fluir a su alrededor, el viento genera ondas de radio, como una piedra que al caer en un arroyo crea ondas en el agua.
Las simulaciones por computadora confirman que se puede detectar esta emisión de radio en el conocido púlsar PSR J0636+5129 b. Esto abre la puerta a buscar otros exoplanetas en los rincones más hostiles del universo, incluso donde reina una radiación letal.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2605.14077
Planets around pulsars were the first discovered exoplanets, found thanks to the extremely precise pulsar timing. Here we suggest that they could also be found through the radio emission generated by the pulsar-planet magnetospheric interaction. We present the results of special relativistic numerical simulations of planets in a pulsar wind of velocity $$v=0.985~c$$, corresponding to a Lorentz factor $$\gamma=5.795$$. Planets, modeled as a perfectly conducting solid surface in an external magnetic field originating from the pulsar, produce radio emission in the extended magnetic structure on the planet's nightside. We find that the planet around a known pulsar, PSR J0636+5129 b, could be detected via its radio emission. We outline the observational prospects for such objects.
Los planetas alrededor de los púlsares son algunos de los lugares más extremos del universo: los campos magnéticos son billones de veces más fuertes que el de la Tierra, y el viento de partículas se acelera casi a la velocidad de la luz.