Los púlsares son estrellas de neutrones que giran rápidamente con campos magnéticos extremos; su ritmo permitió los primeros descubrimientos de exoplanetas. Ahora se propone un nuevo método de detección: las ondas de radio del choque del viento ultrarrelativista del púlsar contra un planeta. Las simulaciones muestran que esta interacción crea una cola magnética brillante en el lado nocturno del planeta, como la cola de un cometa. El planeta de púlsar conocido PSR J0636+5129 b debería ser lo bastante brillante como para ser escuchado por radiotelescopios, lo que significa que pronto podríamos encontrar más planetas en estos cementerios estelares.
El primer exoplaneta se descubrió cerca de un inusual faro cósmico: una estrella de neutrones conocida como púlsar. Estos restos superdensos de estrellas muertas giran a velocidades enormes y emiten pulsos de radio muy precisos. En 1967, Jocelyn Bell Burnell captó esas señales, que al principio se confundieron con un mensaje extraterrestre.
Ahora los científicos han encontrado una nueva forma de «escuchar» los planetas alrededor de los púlsares. Además de los pulsos, la estrella emite un viento continuo: un chorro de partículas cargadas que viaja casi a la velocidad de la luz. En medio de este huracán, el planeta se convierte en un obstáculo: al fluir a su alrededor, el viento genera ondas de radio, como una piedra que al caer en un arroyo crea ondas en el agua.
Las simulaciones por computadora confirman que se puede detectar esta emisión de radio en el conocido púlsar PSR J0636+5129 b. Esto abre la puerta a buscar otros exoplanetas en los rincones más hostiles del universo, incluso donde reina una radiación letal.
🎯 Los planetas alrededor de los púlsares son algunos de los lugares más extremos del universo: los campos magnéticos son billones de veces más fuertes que el de la Tierra, y el viento de partículas se acelera casi a la velocidad de la luz.