Imagine un cometa que atraviesa la atmósfera del Sol. ¿Podría, como una cerilla en un tanque de gasolina, provocar una erupción solar? Los científicos estudiaron el cometa Lovejoy y descubrieron que la energía de su interacción magnética con el Sol no es suficiente para una gran erupción, pero sí para ser la chispa de un campo inestable. ¿Qué nos mostrarán los futuros 'buceadores solares'?
En diciembre de 2011, el cometa Lovejoy se lanzó audazmente a través de la ardiente corona del Sol. Inmediatamente después, una llamarada. Los científicos verificaron si el cometa pudo haberla provocado. La atmósfera del Sol está entretejida con tensos lazos magnéticos, como la cuerda tensa de un arco. Al pasar, el cometa roza ligeramente esa cuerda, y ésta dispara una flecha: una potente liberación de energía. Pero los cálculos sorprendieron: la energía de la bola de nieve sucia (como llamaba a los núcleos cometarios Fred Whipple) solo habría bastado para un arco de juguete. La llamarada real, captada por las cámaras ultravioletas, requería entre 10 y 1000 veces más. Por lo tanto, el cometa no fue la causa, sino que solo soltó la cuerda de un «arco» ya listo para disparar. Comprender estos roces ayudará a desentrañar las tormentas también en otras estrellas con sus planetas. Paradoja: al sumergirse en el infierno solar, el cometa no desapareció, sino que se encendió para los observadores terrestres con una luz brillantísima. No fue él quien encendió el Sol: el Sol lo encendió a él.
🎯 El núcleo del cometa Lovejoy se redujo de tamaño tras atravesar la corona, pero el cometa sobrevivió y se convirtió en uno de los más brillantes de la década.