Una multitud está encerrada en un estrecho pasillo entre dos hileras de espejos. De vez en cuando alguien empuja con fuerza la pared y un rumor recorre el pasillo: así, en el plasma de los cúmulos de galaxias aparecen ondas de silbido y ondas ion-ciclotrón. Las crean partículas cargadas que han quedado atrapadas en pozos magnéticos (regiones con campo debilitado donde las partículas rebotan como en espejos).
Los científicos construyeron una simulación por computadora en la que las partículas se mueven en un campo electromagnético congelado, tomado de un cálculo más detallado. Resultó que las ondas secundarias funcionan como carceleros que no encierran, sino que, al contrario, ayudan a los fugitivos. Dispersan a los prisioneros y estos abandonan los pozos magnéticos más rápido. Cuanto más fuertes son las ondas, más a menudo las partículas escapan a la libertad: la relación entre la amplitud de las ondas y el ritmo de fugas resultó casi directa, como predecía la teoría simplificada.
Este hallazgo es importante para entender cómo se distribuyen el calor y la materia en las estructuras más grandes del universo. Si las partículas permanecen demasiado tiempo en las trampas, el gas no se mezcla y se enfría de manera desigual. Y eso significa que los cúmulos de galaxias evolucionan de manera diferente a como pensábamos. Ahora está claro que unas diminutas ondas-llave abren gigantescas cerraduras magnéticas.
Las ondas de silbido en el plasma se llaman así porque su frecuencia cae en el rango audible y, si pudiéramos oírlas, sonarían como un silbido.
En la novela 'Solaris' de Stanislaw Lem, el océano del planeta generaba misteriosas estructuras ondulatorias, casi como el plasma en nuestra simulación genera ondas secundarias que cambian el destino de las partículas.