Una hoguera que nadie ve, pero cuyo calor todos sienten: así es como los astrónomos encontraron un destello en una galaxia lejana. No por la luz, sino por la radiación infrarroja del polvo calentado. La galaxia SDSS J010320.39+140152.5 llamó la atención cuando su centro comenzó a brillar de repente en el infrarrojo, como si alguien hubiera echado más leña a un fuego invisible.
El destello duró alrededor de un año. En su punto máximo emitió 5,4×10⁴³ ergios por segundo, como si mil millones de soles se concentraran en un solo punto y se cubrieran con una manta densa. Los telescopios mostraron que la fuente se encuentra exactamente en el núcleo de la galaxia, y el desplazamiento no supera los cien pársecs (unos 300 años luz, una distancia diminuta en escalas galácticas). El polvo circundante se calentó hasta 900 kelvin, y su resplandor térmico delató la catástrofe oculta.
¿Qué ocurrió? Una supernova normal no encaja: no hubo destello óptico. Los astrónomos se inclinan por el escenario de disrupción de marea: una estrella se acercó demasiado a un agujero negro supermasivo y fue desgarrada por las fuerzas de marea. Normalmente estos eventos se ven en el óptico, pero aquí un denso velo de polvo absorbió la luz visible y la reemitió en el infrarrojo. Es como mirar un incendio a través de un vidrio esmerilado: no se ve la llama, pero el vidrio se calienta.
Estas versiones polvorientas de las disrupciones de marea son una pieza importante que faltaba en el rompecabezas. Los sondeos ópticos las pasan por alto, creando la falsa impresión de que las estrellas mueren con menos frecuencia en ciertas galaxias. En realidad, simplemente se esconden tras el polvo. Ahora tenemos herramientas para mirar detrás de ese velo y ver el calor de la hoguera invisible.
La temperatura del polvo en este destello (900 kelvin) es cercana a la de la lava de un volcán recién eruptado, que ronda los 600–1200 kelvin, pero en escalas cósmicas se considera polvo «tibio».
En la novela «Solaris» de Stanisław Lem, el océano del planeta oculta sus motivos tras una superficie impenetrable; de igual manera, el polvo en los núcleos galácticos nos esconde eventos titánicos, obligándonos a buscar pistas invisibles.