Un agujero negro se parece a un remolino en el océano: todo lo que cae dentro desaparece para siempre. Pero si el remolino gira y está ligeramente electrificado, y a su alrededor pululan partículas invisibles llamadas axiones (candidatas a materia oscura), su superficie deja de ser lisa. Se cubre de ondas tan violentas que cualquier barca que se acerque sería destrozada antes de ser arrastrada al fondo.
Los autores del trabajo han demostrado que, para casi cualquier valor de la masa del axión y de su interacción con la materia ordinaria, el horizonte de sucesos —el límite que no se puede traspasar— se vuelve singular. Esto significa que la curvatura del espacio-tiempo allí es infinita y que las ecuaciones de Einstein pierden su sentido. Antes se pensaba que esto solo ocurría en el centro del agujero, pero los axiones sacan la catástrofe a la superficie si el agujero gira y posee al menos una carga eléctrica mínima.
El efecto se intensifica en los agujeros negros casi extremos, esos que giran al límite de lo posible. Aquí, incluso una influencia débil de los axiones genera fuerzas de marea anómalamente grandes. Cualquier objeto, ya sea una estrella o una nube de gas, sería estirado y comprimido con una fuerza monstruosa, como un caramelo que se estira en direcciones opuestas. Este descubrimiento conecta dos mundos: la física cuántica de partículas y la gravedad de los cuerpos masivos, y da esperanza de detectar axiones por su efecto destructivo sobre la materia alrededor de los agujeros negros.
Las fuerzas de marea en un agujero negro casi extremo pueden ser tan grandes que desgarrarían los átomos mucho antes del horizonte, incluso si el agujero tuviera el tamaño del sistema solar.
En la novela «Visión ciega» de Peter Watts, la tripulación se enfrenta a anomalías impredecibles cerca de un agujero negro: las ondas de axiones podrían explicar su naturaleza.