Los científicos propusieron que la luz de las estrellas lejanas «envejece» en su camino hacia nosotros, perdiendo energía no solo por la expansión del universo, sino también transformándose en masa. Esto ayudó a resolver la disputa sobre la velocidad de expansión: resultó ser la misma que se observa a partir de la luz antigua del Big Bang. Como si la propia luz corrigiera nuestras mediciones, ¿podemos entonces confiar en lo que ven nuestros ojos?
Casi un siglo atrás, Edwin Hubble notó que las galaxias se alejan, — el Universo se expande. Hoy, dos métodos para medir la velocidad de expansión dan resultados distintos: mediante el resplandor del Big Bang y mediante las explosiones de supernovas, cuya brillantez y corrimientos de color se miden cuidadosamente. La discrepancia del 8% — la tensión de Hubble — dejó perplejos a los científicos durante mucho tiempo, hasta que surgió una solución inesperada.
Resulta que un fotón, vagando por el cosmos durante miles de millones de años, puede condensarse en partículas de materia oscura, como atravesando una barrera invisible. Los astrónomos siempre corregían la atenuación de la luz, pero pasaban por alto el corrimiento al rojo asociado. Este error creaba la ilusión de que las supernovas estaban más cerca y el Universo se expandía más rápido. Tomar en cuenta este efecto elimina la contradicción y, de paso, explica por qué el James Webb vio galaxias tempranas demasiado masivas — en realidad son más ligeras —, y por qué las lentes invisibles curvan la luz. Tampoco se altera la dilatación del tiempo en objetos lejanos. La verificación está cerca: un rayo láser enviado hacia los confines del Sistema Solar perderá una milmillonésima de su energía, y esa pérdida será captada por relojes ultraprecisos. Si es así, comprenderemos que la materia oscura es el «sedimento» de la luz, y que se ha acumulado en mayor cantidad que todas las estrellas y planetas visibles.
🎯 Si imaginamos el Universo como un líquido, debido a este efecto su viscosidad sería miles de millones de veces menor que la del agua: sería el medio más fluido de la naturaleza.