Los astrónomos pensaron durante mucho tiempo que Nereida, el tercer satélite más grande de Neptuno, era un intruso del cinturón de asteroides: su órbita alargada parecía indicar una captura. Sin embargo, el telescopio James Webb obligó a reconsiderar esa teoría.
Al parecer, Nereida sobrevivió a un impacto. El gigantesco satélite Tritón, como una bola de bolos, chocó contra el antiguo sistema de lunas de Neptuno y lanzó una de ellas hacia el borde. Este 'bolo' —un mundo helado de 345 kilómetros, comparable a la distancia de Madrid a Valencia— se convirtió en el satélite con la órbita más excéntrica: a veces se sumerge cerca del planeta, otras se aleja hasta siete veces más lejos.
El telescopio JWST descompuso su luz para analizar su composición. En la superficie hay hielo de agua y dióxido de carbono, pero el brillo y el tono rojizo no coinciden ni con los cometas ni con los asteroides helados. La causa podrían ser moléculas orgánicas, las mismas que forman una película aceitosa. Así, Nereida resultó ser el único satélite nativo sobreviviente de Neptuno, y su historia explica cómo las exolunas sobreviven alrededor de estrellas lejanas tras colisiones cósmicas.
🎯 Nereida fue descubierta en 1949 y nombrada en honor a las ninfas marinas, hijas de Nereo. El nombre le queda perfecto: la luna parece bailar en su excéntrica órbita.