Hace 12 mil millones de años, un agujero negro devorando materia expulsó vientos a un tercio de la velocidad de la luz. Estos flujos, como la mano de un director cósmico, detuvieron el crecimiento de una galaxia gigante. Hoy captamos el eco de aquel cataclismo y empezamos a comprender: quizás así es como el Universo regula el nacimiento de nuevas estrellas. Y, quién sabe, la vida en los planetas también depende de estas tormentas invisibles.
🎯 En una hora terrestre, el viento rápido de WISSH13 recorre 360 millones de kilómetros, el triple de la distancia de la Tierra al Sol. Para la materia, esa velocidad (0,33c) es casi increíble y lo convierte en uno de los flujos cósmicos más veloces jamás registrados.
🎬 La idea de vientos ultrarrápidos que rigen el destino de una galaxia recuerda al concepto del «vórtice estelar» de la ciencia ficción, donde las corrientes cósmicas deciden el destino de los mundos.