La explosión de una estrella masiva, envuelta en denso gas y polvo, es como una habitación sellada. Solo mensajeros fantasma —los neutrinos— pueden escabullirse y traer noticias de la catástrofe. Para atrapar a estos mensajeros se necesita una trampa de escala planetaria: el detector IceCube es un kilómetro cúbico de hielo antártico atravesado por sensores. En seis días registró cuatro neutrinos que venían de un mismo punto: justo donde apareció la supernova SN 2021foa.
La energía total de estas partículas superó en cientos de veces toda la luz emitida por la estrella. El simple choque del material expulsado con el gas y el polvo circundantes no produce tal aceleración. En el interior, probablemente, actuó un motor invisible: un recién nacido agujero negro o una estrella de neutrones que generó un potente chorro. El chorro no atravesó la envoltura, pero aceleró las partículas al límite, provocando una lluvia de neutrinos. Esta imagen ya la esbozaron en el siglo pasado Fritz Zwicky y Subrahmanyan Chandrasekhar. La propia estrella también sorprendió: su brillo alternó varias veces entre el tipo hidrógeno y helio, por lo que los astrónomos la apodaron «la que se cambia de zapatos».
Así, por primera vez, los neutrinos permitieron mirar dentro del corazón de la explosión, oculto a los telescopios comunes. Este correo fantasma nos revelará los núcleos activos de galaxias lejanas y los agujeros negros supermasivos en sus centros. Futuros detectores, como KM3NeT, y la fotometría precisa ayudarán a completar el panorama.
🎯 El brillo de SN 2021foa alternó varias veces entre el tipo de hidrógeno y el de helio, por lo que la apodaron la supernova «que se cambia de zapatos».