Con la ayuda de los telescopios espaciales James Webb y Hubble, se ha descubierto la galaxia espiral barrada más distante conocida. Su luz comenzó su viaje cuando el Universo tenía solo mil millones de años. La galaxia M1149-BSG-z5 tiene una barra de aproximadamente 15 mil años luz de largo y brazos espirales enrollados. Está formando estrellas activamente, pero ya contiene muchos elementos pesados. Cerca hay una galaxia satélite; probablemente, su interacción gravitacional hizo girar la barra, de manera similar a como una pareja de baile imprime rotación.
Al universo temprano se lo suele imaginar como un jardín de infantes: la mayoría de las galaxias son manchas amorfas, turbulentas e irregulares, ahogadas en gas y estallidos de formación estelar. Pero el telescopio James Webb divisó en ese caos a una niña prodigio: la galaxia M1149-BSG-z5, que a solo 1.100 millones de años del Big Bang ya luce una espiral esculpida con barra, propia de sistemas maduros. Las imágenes combinadas del JWST y el veterano Hubble abrieron una ventana a una época donde, según todos los cánones, no debería haber galaxias tan «adultas».
En el corazón de esta prodigio cósmica se extiende una potente barra —un puente estelar de unos 4,5 kilopársecs que sostiene los majestuosos brazos espirales. En astrofísica, las barras actúan como cintas transportadoras gravitacionales: empujan el gas hacia el centro, avivando la formación estelar y alimentando el agujero negro supermasivo. Pero para que surja una barra así, el disco debe ser delgado y dinámicamente frío, algo que requiere miles de millones de años de relajación. Encontrar una estructura madura a un corrimiento al rojo de 5,102 es como ver a un niño de cinco años interpretando una sonata complejísima: los escenarios convencionales de evolución se desmoronan.
El arsenal de la espectroscopia y la fotometría —métodos legados por Edwin Hubble— reveló otros talentos de esta galaxia. Una masa estelar de 10^10.45 M☉, un ritmo frenético de formación estelar (144 masas solares por año) y un núcleo activo (AGN) con un agujero negro de ~10^7.5 M☉ hablan de un crecimiento acelerado, casi febril. El análisis químico mostró una metalicidad de la mitad de la solar: la materia se procesó rápido en estrellas y se enriqueció con elementos pesados. Además, la galaxia no está sola: cerca se halló una compañera y una sobredensidad fotométrica, probables signos de interacción que pudo haber impulsado el ensamblaje.
Ahora la gran pregunta: ¿qué enrolló esta espiral cósmica tan temprano? Quizás el gatillo fue una inestabilidad gravitacional interna del disco, o las fuerzas de marea de sus vecinos. Observaciones interferométricas con ALMA ayudarán a comprobar las hipótesis: construirán un mapa de velocidades y mostrarán si el disco es realmente frío y dominado por bariones. Si el JWST encuentra barras aún más tempranas, obligará a reescribir los primeros capítulos de la historia cósmica, desde el nacimiento de las estructuras hasta la época en que el universo se volvía transparente.
🎯 Si esta barra fuera visible a simple vista, su tamaño angular en el cielo sería de unas 0,7 segundos de arco, ¡menor que el disco de Júpiter!