Hornear pan es una pista inesperada para la cosmología. Para saber qué tan rápido sube la masa, puedes medir la altura con una regla o calcularla a partir de la temperatura y las propiedades de la levadura. Así sucede con la expansión del Universo: un método se basa en observaciones de galaxias reales y explosiones estelares, determinando a qué velocidad se alejan. El otro analiza la luz antigua, enfriada durante 13,8 mil millones de años, y calcula la expansión esperada según la 'receta' cosmológica. Resultado: 73 kilómetros por segundo por cada 3 millones de años luz frente a 67.
La diferencia del 9% parece pequeña, pero la probabilidad estadística de que los métodos coincidan es ínfima: menos de una en un millón. Incluso después de verificarlo con el novísimo 'James Webb', la discrepancia no desapareció. Claramente el 'horno' cósmico no funciona como pensábamos: ¿quizás la masa subió más rápido al principio y luego se desaceleró? O la energía oscura y la materia oscura invisibles tienen propiedades inesperadas.
Resolver el enigma podría reescribir los libros de texto.
Hubo un tiempo en que las estimaciones de la velocidad de expansión variaban al doble: algunos científicos daban 50, otros 100 km/s/Mpc. Solo el telescopio espacial Hubble ayudó a precisar la cifra.