En algunos cristales, los átomos se alinean creando un orden eléctrico: todas las cargas microscópicas apuntan en la misma dirección, como las agujas de una brújula. Al calentar un extremo del cristal, hacemos que estas flechas se muevan a lo largo de él. El campo magnético, como un viento lateral, las empuja hacia el borde, acumulando una carga de hasta 16 microculombios por metro cuadrado, algo que detectan la espectroscopía y la polarimetría.
La predicción no se obtuvo con experimentos, sino mediante simulaciones numéricas en un superordenador. El hallazgo conduce a interruptores sin corriente y sin pérdidas, ideales para sensores y memorias de bajo consumo. Las bases las sentó Lev Landau, y la física del no equilibrio se remonta a las ideas de Albert Einstein sobre el movimiento browniano. Lo más sorprendente: las propias flechas son cuasipartículas llamadas ferrones, capaces de transportar un dipolo eléctrico sin corriente; ya ha surgido el campo de la «ferrónica», que busca aplicarlas en electrónica de consumo ultrabajo.
Los ferrones transportan un dipolo eléctrico de forma similar a como los magnones llevan el momento magnético. La nueva rama de la ciencia —la ferrónica— desarrolla con ellos memorias y elementos lógicos que funcionan casi sin calentamiento.