Un tornillo común entra en la madera solo si se gira en la dirección correcta. Una regla similar funciona en el cristal MnTe2, un pariente cercano del 'oro de los tontos'. Fue aquí donde los físicos descubrieron que las ondas magnéticas pueden estar enrolladas hacia la izquierda o hacia la derecha, y su movimiento depende de la dirección de giro.
Tras escanear el cristal con un láser (espectroscopía) y medir la helicidad de la luz reflejada (polarimetría), los científicos confirmaron mediante cálculos numéricos: las ondas de magnones se dividen en dos tipos. El efecto se debe a la superposición de estados vibracionales. En el futuro, estas ondas 'unidireccionales' serán útiles para la computación cuántica: podrán transmitir señales sin interferencias. A bajas temperaturas, donde entran en juego las leyes cuánticas del calor, los magnones se comportan de manera aún más extraña, y mediante la óptica cuántica se pueden controlar con gran precisión. Las bases de esta investigación las sentaron Werner Heisenberg y Lev Landau.
El MnTe2 tiene la misma estructura cristalina que la pirita, el 'oro de los tontos'. Pero a diferencia de esta, no engaña a los físicos, sino que abre nuevos horizontes.