Los científicos compararon el «zumbido de fondo» de las fusiones de agujeros negros supermasivos distantes con las predicciones de los modelos. Resulta que las observaciones son más fuertes que la teoría, pero la discrepancia aún no es alarmante, como si en una habitación silenciosa se escuchara un ruido suave cuando se esperaba silencio. ¿Qué más podría estar añadiendo este zumbido?
En el Universo resuena constantemente un rumor inaudible, parecido al murmullo de voces en un estadio inmenso. Se trata de ondas gravitacionales, ondulaciones del espacio que viajan a la velocidad de la luz desde lugares donde chocan enormes agujeros negros en los centros de galaxias lejanas. Estos agujeros negros pueden pesar miles de millones de soles, y su existencia fue sugerida por Karl Schwarzschild. Alrededor de ellos, como un andamio invisible, se encuentra la materia oscura, descubierta por Vera Rubin, mientras que las propias galaxias se alejan tras el Big Bang, como demostró Edwin Hubble.
Los astrónomos compararon modelos informáticos de ese fondo con señales reales captadas durante 15 años por una red de radiotelescopios. Monitorizaron púlsares, estrellas que giran vertiginosamente y cuyos pulsos superan en precisión a los relojes atómicos. Resultó que las simulaciones apenas difieren de las observaciones: la discrepancia no supera dos o tres «sigmas», algo que fácilmente se puede atribuir al azar. Y si se ajusta ligeramente el modelo asumiendo que los agujeros negros del universo primitivo crecieron cinco veces más rápido, la coincidencia se vuelve perfecta. Por cierto, el telescopio Hubble ya había sugerido esa infancia «sobrenutrida» de los agujeros negros gigantes.
Ahora el fondo gravitacional se convertirá en una nueva herramienta: con él se podrá «pesar» agujeros negros y comprobar cómo crecieron las galaxias hace miles de millones de años. En el futuro, los científicos lo combinarán con la espectroscopía, técnica que descompone la luz de las galaxias en colores, para localizar con más precisión las parejas de agujeros negros que se aproximan.
🎯 Los púlsares son tan precisos que la desaceleración de su rotación a causa del paso de una onda gravitacional es comparable al frenado de la Tierra por un mosquito que pasa volando.
🎬 Este trabajo recuerda ligeramente a la novela «Contacto» de Carl Sagan, donde los científicos buscaban señales en el parpadeo de los púlsares. Pero hoy los astrónomos oyen en ese ruido no voces extraterrestres, sino la «respiración» de los propios agujeros negros.