Utilizando el espectrómetro NIRSpec del telescopio espacial James Webb, se estudiaron en detalle las características espectrales del dióxido de carbono y el monóxido de carbono en las lunas de Urano. En Ariel y Umbriel, el CO2 y el CO se concentran en los hemisferios traseros, lo que concuerda con la hipótesis radiolítica de formación por bombardeo de partículas cargadas. En los espectros se detectaron picos de dispersión de 12CO2 (4.15–4.26 µm), bandas multilobuladas de 13CO2 (4.35–4.43 µm) y modos bifonónicos y trifonónicos del CO2 (4.80–5.25 µm), característicos de depósitos cristalinos gruesos, difíciles de reproducir por radiólisis en el regolito helado. Las débiles bandas a 4,02 y 4,40 µm indican la posible presencia de minerales carbonatados y clatratos de 13CO2, que podrían haberse originado en el interior de las lunas. El telescopio también mostró que el CO2 está ampliamente distribuido en el sistema de Urano: en los anillos, los satélites anulares y las lunas irregulares, lo que sugiere la acreción de este gas a partir de la nebulosa circumuraniana en las primeras etapas. Los datos obtenidos permiten suponer que los óxidos de carbono en la superficie de las lunas grandes tienen un origen mayoritariamente primario, y su distribución ha sido modificada por la irradiación y los ciclos estacionales de sublimación-condensación.
El origen del dióxido de carbono en las lunas heladas de Urano ha sido un misterio desde el sobrevuelo de la Voyager 2. Comprender las fuentes de CO₂ es crucial para reconstruir la historia de acreción y la actividad geológica de estos cuerpos, así como para compararlos con otros mundos helados, desde los satélites de Júpiter hasta los exoplanetas. Además, la distribución de compuestos volátiles es sensible a los ciclos estacionales y al entorno radiativo, lo que convierte a estas lunas en un laboratorio natural para estudiar procesos superficiales a temperaturas extremadamente bajas.
Se obtuvieron espectros de reflectancia mediante el espectrógrafo NIRSpec del telescopio espacial JWST en el rango de 2.9 a 5.1 µm con una resolución R~1000. Se empleó la técnica de ajuste PSF para extraer los espectros de fuentes puntuales pequeñas. Para eliminar la contribución solar, los datos se dividieron por el espectro de la estrella análoga solar P330E. Los espectros resultantes se compararon con mediciones de laboratorio de hielos de CO₂, CO, clatratos y carbonatos a temperaturas criogénicas, incluyendo muestras sobre sustratos orgánicos y simuladores de silicatos de materia meteorítica.
En los hemisferios traseros de Ariel, Umbriel, Titania y Oberón se detectaron de manera confiable picos de dispersión de ¹²CO₂ cerca de 4.20 µm y bandas de absorción de CO₂ a 4.27, 4.90 y 5.17 µm, así como una banda de CO a 4.67 µm. Por primera vez, en los hemisferios delanteros de las cuatro lunas se encontró una fuerte banda a 4.27 µm, posiblemente relacionada con CO₂ que migró desde las regiones traseras. Los espectros de Ariel y Umbriel muestran una estructura de múltiples picos de los isotopólogos ¹³CO₂ hasta 4.38–4.41 µm, lo que junto con una banda ancha a 4.02 µm sugiere la presencia de minerales de carbonato y clatratos de agua con CO₂. Las trazas de OCN⁻ a 4.59 µm podrían indicar el procesamiento radiativo de componentes nitrogenados. Las intensidades de todas las bandas de carbono disminuyen con la distancia a Urano, lo que concuerda con un perfil radiolítico, aunque varias características se explican mejor por una fuente interna.
Los datos obtenidos obligan a revisar los modelos simplificados sobre el origen del CO₂ en los satélites helados de los planetas gigantes. La coexistencia de componentes radiolíticos y endógenos implica que la química superficial de estos cuerpos está determinada por una compleja interacción entre la plasma magnetosférica, la migración estacional de volátiles y la actividad geológica. Procesos similares podrían ocurrir en exolunas y en discos protoplanetarios, ampliando nuestra comprensión de la química del hidrógeno y el carbono en el universo.
Futuros experimentos de laboratorio en condiciones que simulen las lunas de Urano ayudarán a precisar la identificación de las bandas en la región de 4.4–4.8 µm y el papel de los clatratos. Una posible misión orbital a Urano (recomendada por la Planetary Decadal Survey) permitiría confeccionar mapas de alta resolución de la distribución de CO₂, realizar mediciones directas de la composición de las exosferas y la plasma magnetosférica, e investigar las estructuras geológicas potencialmente vinculadas a las emanaciones de volátiles.
El estudio impacta en la planetología de satélites helados, la astroquímica y la planificación de futuras misiones a Urano.
Se necesitan mediciones de laboratorio detalladas de los espectros del CO₂ en mezcla con hielo de agua y material orgánico a temperaturas de 30–90 K. También se requiere modelizar la migración estacional de CO₂ teniendo en cuenta los nuevos datos del JWST.
El problema del origen de los volátiles en los cuerpos helados del Sistema Solar exterior está relacionado con las cuestiones de la acreción de material en la nebulosa protosolar, la evolución química de los compuestos orgánicos y la posible habitabilidad de los océanos subsuperficiales.
🎯 Si todo el CO₂ de la superficie de Ariel se acumulara en una atmósfera, su presión sería miles de millones de veces menor que la terrestre, pero sus firmas espectrales son visibles incluso desde una distancia de 2.800 millones de kilómetros.
🎬 En la novela '2010: Odisea dos' de Arthur C. Clarke, las lunas heladas se consideraban posibles fuentes de recursos. Los datos del JWST hacen que ese escenario sea un poco más realista, al menos en lo que respecta a la disponibilidad de dióxido de carbono.