El diminuto sistema estelar Cygnus X-3 es un acelerador natural de protones. Al escapar, forman una enorme nube gamma. Resulta que esa nube es la Burbuja del Cisne, antes atribuida a un cúmulo de estrellas. Ahora queda claro: incluso objetos pequeños pueden crear estructuras cósmicas gigantes, igual que una chispa desata un incendio en la estepa.
Como un rociador de jardín esparce gotas, así el diminuto agujero negro en el sistema Cygnus X-3 expulsa partículas. Absorbe la materia de la estrella vecina, la enrolla en un disco caliente disco de acreción, y la lanza en dos chorros opuestos.
Estas partículas — rayos cósmicos — se filtran durante milenios a través del tenue gas interestelar y plasma. Al chocar con los átomos, provocan destellos gamma, creando un enorme resplandor: la Burbuja del Cisne.
Un giro inesperado: el diminuto agujero negro marca el ritmo de todo el sistema. Cada 4.8 horas, al orbitar la estrella, balancea los chorros como una manguera de jardín, y estos rocían el espacio con partículas. Esto nos obliga a replantearnos dónde nacen las partículas más veloces y cómo funciona la evolución de la Galaxia.
🎯 Cada 4.8 horas, Cygnus X-3 nos guiña con destellos de radio: es el agujero negro girando alrededor de una estrella masiva, y sus chorros se balancean como una manguera en manos de un jardinero, regando los alrededores.