Un agujero negro girado casi hasta su límite se parece a un atleta que se equilibra al borde del récord. Lo más interesante no ocurre dentro del agujero, sino en la finísima película del espacio-tiempo en su horizonte. Es allí donde pequeñas correcciones a la gravedad de Einstein pueden crecer de repente hasta alcanzar proporciones gigantescas.
Los autores del trabajo tomaron dos teorías populares con tales correcciones: Chern-Simons dinámico y Gauss-Bonnet escalar. Mediante métodos numéricos precisos construyeron soluciones para agujeros negros de rotación rápida y las llevaron con cuidado hasta la velocidad límite. En la primera teoría todo fue sobre ruedas: se obtuvo un agujero regular y su vecindad más cercana coincidió exactamente con la conocida solución simétrica. Pero en la segunda teoría ocurrió una catástrofe. El campo escalar (una característica especial del espacio) se negó a ser suave y produjo una singularidad logarítmica en el horizonte, como si el espacio se desgarrara allí.
Este contraste no es una simple curiosidad matemática. Separa dos conceptos de "ruptura" de la teoría. Una cosa es que las curvaturas del espacio permanezcan finitas, y otra muy distinta que las fuerzas de marea se vuelvan infinitas. Para la teoría de Chern-Simons, el primer indicio calla, pero el segundo grita peligro. Para la teoría de Gauss-Bonnet, el peligro se ve de inmediato. Este diagnóstico ofrece una manera de evaluar hasta qué punto se pueden confiar los cálculos en estas teorías y compararlos con las restricciones existentes provenientes de las observaciones.
La singularidad logarítmica que surge en la teoría de Gauss-Bonnet no es una mera abstracción. Términos logarítmicos similares aparecen en las correcciones cuánticas a la gravedad, insinuando una conexión profunda entre las extensiones clásicas de Einstein y los efectos cuánticos.