Una estrella de neutrones es el residuo superdenso de una explosión de supernova: la masa del Sol empaquetada en una esfera del tamaño de una ciudad. Durante miles de millones de años vaga por el espacio, acumulando a su alrededor una sustancia invisible: la materia oscura, que no emite luz pero atrae gravitacionalmente. Si se acumula suficiente materia oscura, podría envolver a la estrella en una cáscara invisible de la que ni siquiera la luz puede escapar.
Aquí todo es diferente. La materia oscura se distribuye alrededor de la estrella como una niebla que se dispersa desde un farol. Cuando la densidad del halo alcanza un valor crítico, a una distancia de varios radios estelares nace un horizonte. Pero en su interior no hay un abismo, sino una estrella de neutrones normal: densa, pero finita. Antes no estaba claro si esto era posible. Ahora se ha demostrado: con ciertos parámetros, se forma un horizonte alrededor de la estrella, y la estrella permanece intacta dentro de él. Esto funciona para diferentes ecuaciones de estado: las relaciones entre presión y densidad del material estelar.
El hallazgo muestra que un horizonte de sucesos no implica necesariamente el fin de la estructura: en su interior puede existir una configuración regular de materia ordinaria. Esto orienta la búsqueda de diferencias observacionales entre estos objetos y los agujeros negros ordinarios, por ejemplo, mediante ondas gravitacionales. Por ahora no se vislumbran aplicaciones, pero el resultado es un ejemplo concreto que puede ponerse a prueba. Una perla en una cáscara de materia oscura no es solo una metáfora, sino una realidad posible.
La densidad de materia oscura necesaria para formar el horizonte alcanza los $10^{19}$ kg/m³, miles de millones de veces más densa que el centro del Sol y comparable a la densidad del núcleo atómico.
La idea de objetos masivos dentro de los agujeros negros resuena con la novela «Hyperion» de Dan Simmons, donde existen estructuras dentro de la singularidad que influyen en el mundo exterior.