Un vórtice en un material magnético es como un remolino, pero en lugar de agua, lo que gira son las direcciones de la magnetización. Un electrón que atraviesa ese vórtice no siente solo un campo magnético, sino una curvatura del espacio: su camino se dobla como si rodara por un embudo con cuello estrecho. Ese cuello es el análogo de un 'agujero de gusano': el radio lo fija la carga del vórtice y la fuerza de la interacción de intercambio, y a distancias cortas el embudo se corta por el núcleo del vórtice.
La desviación del electrón sigue una única curva que depende solo del giro del vórtice y de la fuerza de acoplamiento. La misma geometría se puede construir en una red de panal de átomos, donde los electrones se comportan igual que en un vórtice real. Entonces se podrá doblar la trayectoria del electrón a voluntad, como una lente para la luz.
El efecto Aharonov-Bohm muestra que un electrón se ve afectado por un campo magnético incluso donde su intensidad es cero: lo que importa no es la fuerza del campo, sino su 'flujo' a través del contorno.