Un superconductor es un material en el que la electricidad fluye sin pérdidas, como el agua por una tubería perfectamente lisa. Pero si se comprime ligeramente, como un resorte, sus propiedades cambian. Los científicos llevaban tiempo queriendo medir cuánto calor absorbe un material así comprimido, pero los instrumentos no cabían en el reducido montaje. Ahora han ideado una forma de sortear este obstáculo.
No miden el calor en sí, sino las diminutas fluctuaciones de temperatura cuando el material se comprime y se suelta rápidamente. Es como observar la respiración de una persona sin tocarla. Combinando las mediciones con compresión lenta y rápida, obtienen un mapa preciso del calor en toda la muestra. Para el superconductor Sr₂RuO₄, ese mapa reveló algo sorprendente: con cierta compresión, el orden interno de la sustancia se vuelve más fuerte.
Este hallazgo ayuda a entender cómo controlar los superconductores mediante la presión. Quizás en el futuro estos materiales funcionen a temperaturas más altas, acercándonos a cables sin pérdidas en nuestros hogares.
La compresión en cuestión es menor que una centésima parte del grosor de un cabello humano, pero altera las propiedades del material más que calentarlo varios grados.