Incluso si las partículas cuánticas están en reposo, siguen generando ruido. Ese ruido es como las huellas que quedan tras cada medición. Antes los científicos pensaban que el ruido lo causaban campos aleatorios, pero ahora se ha descubierto que lo crean las propias mediciones.
Un intérprete se distrae con cada susurro en la sala, y una reunión de una hora se convierte en dos. Así funciona un sistema cuántico: cada medición deja una marca y cambia su estado. Los científicos han construido un modelo donde la evolución de las partículas es una cadena de mediciones y evoluciones. Para mediciones fuertes se usan proyectores; para las débiles, elementos POVM con perfil gaussiano.
Este hallazgo ayuda en las computadoras cuánticas, donde el ruido impide que las partículas conserven la información. Ahora los ingenieros pueden diseñar mejor los esquemas de corrección de errores, sabiendo de dónde proviene el ruido. Y en sensores de precisión, como los magnetómetros, se puede interpretar la señal con mayor exactitud.
En 1946, Felix Bloch predijo que, incluso sin campo magnético externo, en un conjunto de espines existe un momento magnético fluctuante proporcional a la raíz del número de partículas. Este efecto no se confirmó experimentalmente hasta décadas después.