Los astrónomos estudiaron el lado diurno de uno de los exoplanetas más calientes, WASP-121b, con ayuda del telescopio espacial James Webb. En su atmósfera, por primera vez fuera del Sistema Solar, se detectaron nubes del mineral titanato de calcio (CaTiO3), junto con muchas moléculas. Es como leer el pasaporte químico del planeta simplemente analizando su brillo. ¿Qué otras sustancias inesperadas se esconden en mundos abrasadores?
El planeta WASP-121b es un exoplaneta (un planeta alrededor de una estrella lejana), una bola de gas al rojo vivo que orbita tan cerca de su estrella que un año dura solo 1,3 días terrestres. Su lado diurno es un auténtico horno cósmico: temperaturas de miles de grados funden y evaporan incluso los metales.
Con la ayuda de la espectroscopía del telescopio espacial James Webb, los científicos asomaron la mirada a este horno. Al descomponer la luz, vieron vapor de agua (H₂O), monóxido de carbono y partículas de óxidos de silicio y titanio, los mismos que forman las rocas. Pero el hallazgo principal fueron nubes de titanato de calcio, el polvo blanco con el que se pintan las paredes.
Es la primera detección de nubes minerales en un horno cósmico. Actúan como una esponja: absorben el titanio de la atmósfera, haciéndolo invisible. En el aire hay mucho más carbono que oxígeno, casi como en una estrella. Y cada segundo, el planeta pierde unas 100.000 toneladas de masa: la estrella la expulsa, dejando una cola de cometa. Estos datos son clave para entender la evolución de los mundos supercalientes.
🎯 Cada segundo, WASP-121b pierde 100.000 toneladas de su masa: su estrella expulsa la atmósfera en forma de cola de cometa.