Las estrellas en las afueras de las galaxias giran más rápido de lo que dictan las leyes de la física si solo contamos la materia visible. Esta paradoja fue descubierta en el siglo XX por Vera Rubin y Fritz Zwicky. La respuesta fue la hipótesis de una masa invisible: la materia oscura, que envuelve las galaxias y amplifica la gravedad. Para encontrar su ubicación exacta, los astrónomos necesitan mapas gravitacionales ultraprecisos.
El nuevo método convierte la red neuronal en una cartógrafa. Toma un modelo físico simple de la gravedad, como un mapa topográfico, y a partir de datos observacionales dibuja los detalles del relieve: colinas y depresiones de atracción.
La precisión impresiona: en modelos de prueba, el error fue de solo un 0,14%, es como determinar la altura del Everest con un margen de un par de metros. Los datos reales del telescopio JWST serán la base ideal para estos mapas.
La materia oscura crea un paisaje gravitacional invisible: las estrellas, como canicas, ruedan por sus pendientes.