Una partícula cuántica puede comportarse como una moneda que gira sobre el canto y no cae ni cara ni cruz. Esa propiedad se llama coherencia. Cuando dos de esas partículas se atraen entre sí, su giro empieza a coordinarse: si una moneda cae en cara, la otra se posa al instante en cruz. Esa coordinación se llama entrelazamiento, y no surge por sí sola.
Los científicos demostraron que si al menos una de las partículas no gira desde el principio sobre el canto, sino que está posada en cara o en cruz, el entrelazamiento no llegará a formarse en absoluto. Por eso, para futuros experimentos es importante preparar las partículas en un estado de coherencia, porque de lo contrario la gravedad no podrá entrelazarlas. Esto cambia el enfoque a la hora de comprobar la naturaleza cuántica de la gravedad: ahora queda claro qué condición es necesaria para tener éxito.
El entrelazamiento máximo entre dos masas se alcanza justo cuando la coherencia local de cada masa desaparece por completo, es decir, la gravedad vendría a «bombear» el recurso cuántico de cada partícula hacia su estado conjunto.