Una esfera magnética flota en el vacío sobre una placa metálica fría. Sin hilos ni soportes: solo el campo invisible del superconductor evita que caiga. Si se empuja ligeramente la esfera, comienza a oscilar hacia arriba y hacia abajo, y la frecuencia de esas oscilaciones depende de cuán fuertemente la atrae la placa.
Así funciona el nuevo sensor de fuerza. En lugar de un resorte o un cantiléver, una esfera levitante; en lugar de medir directamente el desplazamiento, se mide el corrimiento de la frecuencia de resonancia, que es captado por un circuito de microondas ultrasensible. El secreto es que cuanto más grande es la esfera, más afecta su movimiento a la señal, por lo que se necesitan menos fotones para una medición precisa. Esto abre el camino hacia la metrología cuántica con objetos macroscópicos.
Se necesita esa precisión para comprobar si la ley de la gravitación universal se desvía a distancias de fracciones de micrómetro. Algunas teorías predicen que a esas escalas aparecen fuerzas adicionales, llamadas fuerzas de Yukawa. El sensor podría detectarlas o establecer nuevos límites. También medirá el efecto Casimir, la atracción debida a las fluctuaciones cuánticas del vacío entre superficies cercanas.
La placa se enfría casi hasta el cero absoluto, y la esfera se recubre de oro para suprimir campos eléctricos parásitos. Eso sí, el oro genera corrientes de Foucault que frenan el movimiento, así que hay que buscar un equilibrio. Pero si todo sale bien, veremos por primera vez cómo se comporta un objeto macroscópico en el límite del mundo cuántico.
El superconductor expulsa el campo magnético, por lo que la esfera levita sin ningún soporte, como si descansara sobre un cojín invisible.
En la novela de Arthur C. Clarke 'Las fuentes del paraíso' se describen bloques de construcción levitantes para un ascensor espacial; este sensor utiliza un principio similar de levitación magnética para mediciones científicas.