El corazón no se contrae todo a la vez, sino en forma de onda: la señal eléctrica recorre el músculo y, tras ella, como un rizo en el agua, se propaga la contracción. En la arritmia, esa onda se desordena: en algún punto se retrasa, en otro se vuelve un bucle, y la bomba empieza a trabajar a destiempo. Hoy, ver esa onda desde dentro solo es posible introduciendo un catéter con sensores en el corazón, un procedimiento nada agradable.
Los ingenieros propusieron una vía alternativa: observar no la electricidad, sino cómo se mueve el corazón. Cada impulso eléctrico se convierte de inmediato en una contracción: el músculo se tensa, se deforma, presiona la sangre. Si se miden con precisión esas deformaciones desde el exterior, se puede calcular dónde y cuándo nació el impulso. El problema es similar a deducir dónde cayó una piedra observando los círculos en el agua.
Para ello, construyeron una red neuronal en la que integraron las leyes de la mecánica del corazón: cómo se estira el músculo, cómo están orientadas sus fibras, cómo se transmite la presión a través de la pared. La red se entrenó con un modelo simplificado del ventrículo izquierdo, la principal cámara de bombeo. Solo se le mostraba el 'rizo' —el movimiento de la superficie— y ella reconstruía la 'onda' invisible: la activación eléctrica interna.
Este enfoque podría brindar a los médicos una herramienta para el diagnóstico no invasivo de las arritmias: en lugar de un catéter, una ecografía o resonancia magnética convencional, y luego la matemática hace el resto. Para un paciente concreto, se podría construir una copia digital de su corazón y probar en ella cómo se propagaría la excitación. Es un paso hacia el 'fenotipado digital', donde la enfermedad se describe no solo por los síntomas, sino también por la mecánica precisa del órgano.
El músculo cardíaco no se contrae de inmediato: la onda de excitación tarda entre 60 y 80 milisegundos en recorrer el corazón desde el vértice hasta la base, más rápido de lo que tarda un parpadeo.
En la serie 'Altered Carbon' (Carbono alterado), los personajes cambian de cuerpo como de ropa, y el modelo digital del corazón de este trabajo recuerda al primer paso para 'probarse' un órgano ajeno sin tocarlo.