Un telémetro láser común funciona como un cronómetro en una carrera de 100 metros: mide el tiempo que tarda la luz en ir al objetivo y volver. Pero ese cronómetro tiene un límite: hace clic con un paso de decenas de picosegundos (billonésimas de segundo). En ese paso, la luz recorre alrededor de un centímetro, así que no se pueden distinguir detalles más pequeños.
El nuevo método no usa pulsos individuales, sino dos peines de miles de destellos ultracortos que viajan con frecuencias ligeramente distintas. Su superposición actúa como un engranaje: la pequeña diferencia de velocidad se convierte en un desplazamiento grande y fácil de medir. Así, un cronómetro tosco se convierte en un microscopio del tiempo.
La prueba sobre una pieza de aluminio a 40 centímetros de distancia mostró que el error no supera las 38 micras, y tras medio segundo de acumulación de señal, la dispersión media es de solo 1 micra. El resultado coincidió con las lecturas de una máquina de medición por coordenadas, que toca la superficie mecánicamente.
Este ojo láser será útil donde no se puede tocar: control de piezas en la cadena de montaje, inspección de frágiles piezas de museo, o captura de objetos calientes o radiactivos. La luz llega, mide y regresa sin dejar huella.
La luz recorre 1 micra en 3,3 femtosegundos, menos de lo que dura una vibración de una molécula.