En un canal delgado de un semiconductor, los electrones no se comportan como individuos solitarios, sino como una multitud en hora punta. Chocan entre sí constantemente, y de esas colisiones depende con qué facilidad el calor y la corriente eléctrica atraviesan el material. Normalmente, estos dos flujos van de la mano: un buen conductor de electricidad también conduce bien el calor. Esta regla se conoce como la ley de Wiedemann-Franz.
Pero en dispositivos diminutos, donde las dimensiones son comparables al camino libre medio de los electrones, todo cambia. Los científicos calentaron una zona del canal con un láser y, mediante el brillo del material, midieron la temperatura con precisión de micrómetro. Resultó que la conductividad térmica crece con la temperatura más rápido que la conductividad eléctrica. Es decir, la relación entre ambas —el número de Lorenz— deja de ser constante. La ley se rompe.
El efecto es especialmente fuerte cuando el canal se estrecha. Un cuello angosto obliga a los electrones a chocar con más frecuencia, y el flujo de calor comienza a 'rezagarse' respecto al eléctrico. Este comportamiento había sido predicho por los teóricos para el régimen en el que los electrones interactúan como un líquido, pero es la primera vez que se observa en un experimento real con arseniuro de galio.
Este descubrimiento es importante para la microelectrónica del futuro. Cuando los transistores sean aún más pequeños, la disipación de calor será crítica. Entender cómo el calor y la corriente divergen en canales estrechos ayudará a diseñar chips que no se sobrecalienten.
En el arseniuro de galio, los electrones pueden moverse más rápido que en el silicio, por eso se usa en dispositivos de alta frecuencia, como los amplificadores de señal de las antenas satelitales.