Un agujero negro no es solo una esfera oscura en el espacio. Si cerca hay gas y polvo, estos se arremolinan formando un disco plano y luminoso que cae gradualmente hacia el interior. Ese disco, como una lámpara, ilumina al propio agujero, y sobre el fondo brillante se ve su sombra: una silueta oscura con bordes nítidos.
Pero, ¿y si el disco no es plano, sino que está roto en pedazos? Esto ocurre cuando el disco está inclinado respecto al eje de rotación del agujero. La rotación del agujero arrastra consigo al propio espacio: es lo que se llama curvatura del espacio-tiempo. Las partes cercanas y lejanas del disco lo sienten de manera distinta, y el disco se rompe, formando varios anillos independientes. Los científicos construyeron un modelo de ese disco desgarrado y siguieron la trayectoria de los rayos de luz desde él hasta el observador. El resultado sorprendió: la sombra dejó de ser uniforme.
Estas distorsiones dependen del ángulo de inclinación del anillo exterior y de las separaciones entre las partes del disco. Un disco liso y normal no muestra esos efectos. Por tanto, la propia forma de la sombra puede revelar que el disco está desgarrado. Pero también hay una cara negativa: si la sombra cambia tanto debido a la estructura del disco, no se puede confiar solo en ella para verificar las teorías de la gravedad, porque es demasiado fácil confundir el efecto del disco con una nueva propiedad del espacio-tiempo.
La ruptura del disco alrededor de un agujero negro se parece a cuando haces girar un carrusel a diferentes velocidades: los caballitos interiores van más rápido y toda la estructura puede agrietarse.
En la película 'Interstellar', el agujero negro Gargantúa se muestra con un disco de acreción liso; un disco desgarrado se vería mucho más alienígena.