El agua que fluye por una tubería puede convertirse en una trampa para el sonido. Si la velocidad de la corriente supera la velocidad del sonido en el agua, las ondas sonoras que intentan ir contra la corriente ya no pueden escapar: son arrastradas, como la luz tras el horizonte de un agujero negro. Esto no es solo una metáfora: en estos sistemas análogos realmente nacen partículas similares a la radiación de Hawking.
Los autores del trabajo consideraron un caso más complicado: cuando la velocidad de las ondas depende de su longitud, y las ondas cortas pueden moverse más rápido que el sonido. Resulta que aquí también surge un horizonte, pero no donde la velocidad de la corriente se iguala con la velocidad del sonido, sino más adentro, donde alcanza a las ondas más rápidas. Mediante un elegante truco matemático —la matriz S cerca del horizonte— calcularon cuántas partículas se generan y lo compararon con los resultados del método de tunelización. Ambos enfoques coincidieron: el espectro resultó casi térmico, con una temperatura dada por la gravedad superficial efectiva del nuevo horizonte.
Esto significa que la radiación de Hawking no es un capricho de la física estrictamente relativista, sino una propiedad general de los medios con horizontes. Incluso si a distancias ultracortas las leyes habituales cambian, los agujeros negros seguirán "brillando". Y los experimentos análogos con líquidos o luz en el laboratorio obtienen un sólido respaldo teórico.
En 1981, Bill Unruh demostró que las ondas sonoras en un fluido en movimiento se comportan como la luz en un espacio-tiempo curvo. Desde entonces, los físicos intentan crear un "agujero negro sónico" en el laboratorio para capturar su análogo de la radiación de Hawking.
En la novela de Stanisław Lem "Fiasco", los astronautas utilizan modelos análogos para comprender las propiedades de civilizaciones alienígenas, casi como los físicos modelan agujeros negros en fluidos.