La holografía es la idea de que todo lo que ocurre dentro de un volumen puede registrarse en su frontera, como una imagen en un holograma. En física, esto ayuda a conectar la gravedad con el mundo cuántico. Pero a veces, a partir de las reglas holográficas no se logra ensamblar el espacio-tiempo habitual, y los científicos buscan dónde se rompe exactamente el mecanismo.
Los autores del artículo han propuesto un método general para diagnosticar tales fallos. Introdujeron el concepto de superficies cuánticas extremales «desaparecidas»: fronteras especiales cuya área está acotada, pero no así su entrelazamiento cuántico. Imagina un tabique delgado: en sí mismo es pequeño, pero a través de él pasan muchos hilos que conectan distintas partes del sistema. El área del tabique es pequeña, pero el número de conexiones es enorme.
Esta diferencia entre área y entrelazamiento refleja una profunda distinción entre la conectividad clásica y la cuántica en la gravedad. La conectividad clásica es como la vecindad de las casas en una calle: cuanto más cerca, más fácil es alcanzarse. La conectividad cuántica se parece más a una red telefónica: puedes estar en contacto con cualquiera, sin importar la distancia. Cuando la conectividad cuántica domina, el espacio-tiempo habitual deja de emerger y se necesitan «reglas del observador» especiales para restaurar la imagen.
Este enfoque no solo ayuda a reparar fallos, sino también a comprender mejor cómo la información cuántica da origen a la geometría que conocemos. En el futuro, podría arrojar luz sobre la naturaleza de los agujeros negros y del universo temprano, donde las concepciones clásicas del espacio y el tiempo dejan de funcionar.
La entropía generalizada de un agujero negro se compone del área de su horizonte y de la entropía de la materia exterior: es como tener en cuenta tanto el tamaño de la caja fuerte como el contenido que no cupo en ella.