Las diminutas fuerzas de van der Waals, que cohesionan los granos de arena, se enfrentan a la gravedad titánica de una estrella moribunda... y ganan. El asteroide se desgarra, pero los fragmentos permanecen del tamaño de un rascacielos: esa es la barrera kilométrica. Como un arrecife de coral, se rompe en bloques masivos, no se deshace en huevecillos. Así nacen los discos de polvo alrededor de las enanas blancas, anticipando el final de nuestro sistema planetario.
🎯 Al zambullirse hacia el Sol, los sungrazers de Kreutz, tras la disrupción de marea, dejan un enjambre de bloques kilométricos, tal como predice el modelo.