En el corazón de muchas estrellas podría brillar una chispa invisible: un agujero negro primordial, encendido en los primeros instantes tras el Big Bang. La mayoría de las veces parasita en silencio, pero a veces convierte la estrella en un faro cósmico, expulsando chorros más brillantes que una galaxia. Vivimos en un momento en que los observatorios gravitacionales pueden captar esta señal de muerte.
🎯 Si en el centro del Sol se escondiera un agujero negro primordial de 10¹⁶ g, crecería tan lentamente que la fase de disco llegaría solo después de 10 mil millones de años. Ni lo notaríamos, hasta el mismísimo final.
🎬 La imagen de una estrella devorada desde dentro evoca la novela de Arthur C. Clarke 'Cita con Rama', donde una nave alienígena usa un agujero negro como motor. Y en Star Trek (2009), la materia roja crea agujeros negros dentro de los planetas, haciéndolos colapsar.