La inestabilidad diocotrón es como un 'vórtice' en el plasma alrededor del púlsar, que crece y crea una asimetría giratoria. Puede mezclar cargas y alterar la emisión, explicando las rarezas en el centelleo de los púlsares. Imagina cómo una danza esquiva de cargas hace que el faro estelar se apague y parpadee.
Un púlsar es una estrella de neutrones superdensa, remanente de una explosión de supernova. Gira rápidamente, atrapando con su campo magnético una nube de plasma. El plasma no gira uniformemente: cerca del eje es más rápido que en los bordes. Esa diferencia genera remolinos eléctricos, como en un torbellino de agua. Crecen en apenas unas pocas rotaciones de la estrella (que para un observador terrestre se dilatan debido a la monstruosa gravedad). Los remolinos mezclan las cargas y las arrojan hacia el cilindro de luz —la frontera externa de la magnetosfera—. Allí las partículas perturban la señal de radio, haciendo que el púlsar parpadee o incluso se calle por completo.
Los astrónomos registran estos cambios mediante espectroscopía: descomponen las ondas de radio en frecuencias, siguiendo cómo los remolinos distorsionan la emisión. Ahora la variabilidad de los púlsares tiene una causa clara.
🎯 La fuerza del remolino eléctrico es solo un par de por ciento de la carga total del púlsar, pero basta para hacer parpadear el faro cósmico.
🎬 En 'Contacto' de Carl Sagan, extraterrestres convirtieron un púlsar en faro; la naturaleza prescinde de ellos: los remolinos eléctricos ya transforman la estrella en un transmisor intermitente.