Los nuevos datos del telescopio DESI insinúan que la energía oscura, que empuja el universo, podría cambiar con el tiempo. Si es así, la vieja disputa sobre la velocidad a la que se expande el cosmos (la tensión de Hubble) se vuelve menos intensa. Imagina que una goma elástica que estiras cambia de repente su elasticidad; pues así, tal vez, la energía oscura 'respira'.
La velocidad de expansión del Universo, o constante de Hubble, se determina por dos caminos — como la masa del pan: mides la altura ahora (supernovas y galaxias) o la calculas a partir del resplandor antiguo — el fondo cósmico de la época del Big Bang. Pero las cifras no coinciden: es la tensión de Hubble. Curiosamente, Edwin Hubble, al descubrir la expansión, no confiaba en su propio resultado, y su primera medición resultó ser siete veces mayor que la real.
El instrumento DESI, al descomponer la luz de millones de galaxias lejanas por colores (espectroscopia), se topó con algo inesperado: el ingrediente clave —la energía oscura— parece haber cambiado de fuerza. Si no es un fallo, los viejos cálculos basados en el fondo cósmico necesitan una corrección. Con ella, las estimaciones de Adam Riess, consideradas durante mucho tiempo demasiado altas, resultan correctas.
Así, la levadura en la masa cósmica resulta a veces más activa, a veces más pasiva. La luz antigua, captada por primera vez por Arno Penzias, no solo habla de la expansión, sino de la naturaleza cambiante del vacío. Añadamos aquí la materia oscura —el esqueleto invisible, que es cinco veces más abundante que la materia ordinaria— y la receta del Universo parece mucho más compleja de lo que se pensaba.
🎯 El propio Edwin Hubble estimó en 1929 la velocidad de expansión en 500 km/s por megaparsec. Hoy sabemos que es aproximadamente siete veces menor: unos 70 km/s/Mpc.