La fusión de estrellas de neutrones produce ondas gravitacionales y, a medida que se acercan, en el interior de las estrellas surgen vibraciones de marea, parecidas a un «temblor estelar». Esto permite asomarse al interior de la estrella. Los científicos han descubierto que el futuro detector «Einstein» podrá captar esas señales, incluso las muy débiles; de lo contrario, corremos el riesgo de evaluar incorrectamente las propiedades de las estrellas. ¿Qué más nos contarán estos «latidos» cósmicos?
Cuando dos estrellas de neutrones danzan en su fusión, su atracción de marea actúa como un martillo golpeando una campana. Si la frecuencia de los golpes coincide con la frecuencia propia de la estrella, esta empieza a resonar, emitiendo ondas gravitacionales, ondulaciones que se propagan por el tejido del espacio-tiempo. El futuro telescopio Einstein captará este “tañido” y revelará la estructura interna de la estrella con una precisión inalcanzable para la astronomía convencional.
Tal resonancia se manifestará en aproximadamente una de cada tres fusiones potentes al año. Sin corregirla, la masa y el tamaño de la estrella se medirán con error. El telescopio Einstein superará al primer detector LIGO y complementará las observaciones de los púlsares, estrellas de neutrones que giran rápido como faros. Las ondas gravitacionales viajan a la velocidad de la luz a través del universo en expansión, llevando la huella de una gravedad monstruosa: cerca de la estrella, la curvatura del espacio-tiempo es tan grande que es notable la dilatación del tiempo. Sorprendentemente, la frecuencia de este tañido cae a menudo en el rango audible: cientos de hercios, como la nota ‘la’. Aunque en el vacío no hay sonido, las ondas gravitacionales pueden convertirse en una señal de audio para oír la ‘voz’ de la estrella.
🎯 La frecuencia de estas oscilaciones es de unos 440 Hz, como la nota ‘la’. En el vacío no hay sonido, pero las ondas gravitacionales se pueden convertir en una señal audible.