Las supernovas podrían convertirse en fábricas de partículas milicargadas (mCP), partículas hipotéticas con una carga diminuta. Como los mCP tienen masa, llegan a la Tierra después del estallido de neutrinos, creando una ventana temporal limpia para su detección. Los científicos calcularon que los detectores XENONnT, JUNO, DUNE y Hyper-Kamiokande podrían registrar más de 10 eventos por año con un acoplamiento de carga ε=10⁻⁹ (mil millones de veces menor que la carga del electrón) y masas desde fracciones hasta unidades de MeV. Esto mejoraría en un orden de magnitud las limitaciones actuales obtenidas del análisis del enfriamiento de supernovas.
Cuando una estrella masiva muere, su núcleo se contrae y se produce la explosión de una supernova. El cataclismo genera torrentes de partículas, como las ondas al lanzar una piedra. Primero llegan los neutrinos veloces, que atraviesan la Tierra casi sin interactuar. Luego, con horas de retraso, aparecen las partículas fantasma de carga minúscula.
Los detectores subterráneos captan los débiles destellos de las colisiones de estas partículas con electrones. Debido a su masa, viajan más despacio que los neutrinos y llegan más tarde, como un eco. Los detectores podrían registrar hasta decenas de eventos al año, decenas de veces más de lo estimado antes. Quizá estas partículas fantasma sean la materia oscura, el esqueleto invisible del Universo.
🎯 Los neutrinos de la supernova 1987A llegaron tres horas antes que la luz, lo que demostró que tienen una masa diminuta.