Las explosiones de supernovas lanzan al espacio no solo luz y neutrinos, sino posiblemente también nuevas partículas con una carga eléctrica diminuta. Se mueven más lentamente que los neutrinos, por lo que llegan a la Tierra con retraso, proporcionando una señal limpia para su búsqueda. Los científicos han demostrado que estas partículas pueden detectarse en grandes detectores. Los detectores están listos: quizás el descubrimiento de una nueva familia de partículas esté cerca.
Cuando una estrella masiva muere, su núcleo se contrae y se produce la explosión de una supernova. El cataclismo genera torrentes de partículas, como las ondas al lanzar una piedra. Primero llegan los neutrinos veloces, que atraviesan la Tierra casi sin interactuar. Luego, con horas de retraso, aparecen las partículas fantasma de carga minúscula.
Los detectores subterráneos captan los débiles destellos de las colisiones de estas partículas con electrones. Debido a su masa, viajan más despacio que los neutrinos y llegan más tarde, como un eco. Los detectores podrían registrar hasta decenas de eventos al año, decenas de veces más de lo estimado antes. Quizá estas partículas fantasma sean la materia oscura, el esqueleto invisible del Universo.
🎯 Los neutrinos de la supernova 1987A llegaron tres horas antes que la luz, lo que demostró que tienen una masa diminuta.