Una gota de helio frío pasa peligrosamente cerca de un agujero negro. Pero no es una gota cualquiera: es una estrella muerta del tamaño de la Tierra, aunque con una masa comparable a la del Sol. Subrahmanyan Chandrasekhar demostró en su día que tales objetos —las enanas blancas— podían existir, y he aquí que una de ellas, de helio, se encuentra con el abismo.
Cuando la estrella alcanza el punto más cercano al agujero, las fuerzas de marea arrancan de ella enormes fragmentos. Esa materia cae al agujero negro y se arremolina formando un disco luminoso: el disco de acreción (del latín «acrecer»). En el disco nacen diminutos vórtices, cuantizados como pequeños tornados en un fluido. Hacen que el disco parpadee, y esa luz cambia cada pocos segundos.
Mientras tanto, la estrella se aleja, pero ya no vuelve a ser la misma. Por su superficie corren vórtices que estiran la enana como si fuera una bolita de plastilina. Empieza a girar y, como una peonza, emite ondas gravitacionales, ondas en el tejido del espacio-tiempo. Así, un solo encuentro deja dos huellas: una luminosa y otra gravitacional.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2606.12049
Our study focuses on the strong tidal disruption of a cold helium white dwarf passing a black hole. We model the white dwarf as a Bose-Fermi droplet and use quantum hydrodynamic equations to simulate the binary system's evolution. As the white dwarf passes through periastron, it loses a significant amount of mass. This mass falls onto the black hole and forms an accretion disc. Quantized vortices appear in the accretion disc, manifesting as strong electromagnetic radiation signals that exhibit characteristic flickering patterns changing on a timescale of a few seconds. Meanwhile, the white dwarf moves away from the black hole. As the white dwarf moves through space, vortices run along its surface. This elongates its geometry, causing it to rotate and emit gravitational waves.
Una enana blanca del tamaño de la Tierra puede ser tan densa que una cucharadita de su materia pesaría varias toneladas.
En la novela «Hyperion» de Dan Simmons, los agujeros negros se usan como fuente de energía, y aquí vemos cómo un encuentro real entre una estrella y un agujero produce dos tipos de radiación a la vez.