Hace dos mil años, Acamar brillaba diez veces más: una pareja estelar en «fiebre» de transferencia de materia convertía la energía gravitacional en luz. Este motor cósmico ardió durante mil años. Hoy se buscan estos transitorios lentos en los datos de los telescopios, y tal vez descubramos muchas estrellas que han sufrido cataclismos similares. El cielo nocturno resultará no ser tan tranquilo.
🎯 El nombre Acamar proviene del árabe «آخر النهر» (ākhir al-nahr), que significa «fin del río». Cuando la parte sur de la constelación de Eridanus se extendió hasta Achernar, invisible para los griegos, Acamar dejó de ser la última estrella del río, cediendo ese título a su vecina más brillante.