Los agujeros negros en rotación pueden crear a su alrededor nubes de partículas que emiten neutrinos, esas escurridizas «partículas fantasma». Si la materia oscura estuviese hecha de esos agujeros, los detectores en la Tierra ya habrían notado una señal extra. Pero los datos de Borexino y Super-Kamiokande dicen lo contrario: es poco probable que los agujeros negros sean el componente principal de la materia oscura. Al parecer, se esconde más profundamente.
En los años 70, Vera Rubin notó que las estrellas en los bordes de las galaxias se movían más rápido de lo esperado; así se descubrió la materia oscura. Una hipótesis es que está compuesta de agujeros negros primordiales, cúmulos de materia surgidos en el primer instante tras el Big Bang. Se buscaron mediante lentes gravitacionales, pero los agujeros negros con la masa de una montaña comprimida al tamaño de un átomo seguían siendo esquivos.
Un nuevo enfoque utiliza los neutrinos. Un agujero negro en rotación, como un trompo en un charco, salpica energía, creando una nube a su alrededor y generando un flujo de neutrinos. Este mecanismo fue descrito por primera vez por Roger Penrose. A diferencia de la lenta evaporación de Hawking (descubierta por Stephen Hawking), la rotación produce una señal detectable. Los científicos calcularon cuántas de estas «gotas» llegan a la Tierra, teniendo en cuenta el estiramiento del espacio y las pérdidas de energía en el camino: el corrimiento al rojo cosmológico, influido por la energía oscura que acelera la expansión.
La comparación con los datos de los detectores Borexino, KamLAND y Super-Kamiokande mostró que estos agujeros negros solo pueden constituir una fracción ínfima de la materia oscura. Por tanto, los componentes principales son otros, y los neutrinos se convierten en una herramienta para encontrarlos. El método se basa en los ecos de los primeros instantes en la radiación cósmica de fondo.
🎯 Un agujero negro con la masa de una montaña, comprimido en un punto más pequeño que un núcleo atómico, al girar expulsa chorros de neutrinos — millones de partículas por segundo, como un diminuto aspersor cósmico.