El descubrimiento de miles de figuras geométricas de tierra —geoglifos— en las selvas tropicales de la Amazonia se ha convertido en una de las principales sensaciones arqueológicas de las últimas décadas. Estas estructuras, creadas entre el siglo V a.C. y el siglo XI d.C., desafían las ideas establecidas sobre el pasado prehistórico de la región, que se consideraba poco apta para sociedades complejas. La función de la mayoría de los geoglifos sigue siendo objeto de debate: desde fronteras defensivas hasta centros ceremoniales. Dado que se han encontrado muy pocos artefactos en su interior, los investigadores recurrieron a la orientación de las estructuras, una de las pocas características medibles que puede arrojar luz sobre la cosmovisión de los constructores. El movimiento del Sol en el cielo, regido por la primera ley de Kepler y la segunda ley de Kepler, así como por la ley de gravitación universal, crea un ciclo anual predecible con puntos extremos de salida: los solsticios. Ya Galileo Galilei observó manchas en el Sol, y Johannes Kepler describió matemáticamente las órbitas de los planetas, lo que permite calcular con precisión los acimutes de salida en cualquier latitud. Posteriormente, Cecilia Payne-Gaposchkin determinó la composición química del Sol, pero para los antiguos constructores este astro era más bien un marcador celeste del tiempo. Así, si la orientación de las figuras de tierra no es aleatoria y se correlaciona con direcciones astronómicas, se puede suponer su propósito ritual o calendárico.
Para el análisis se seleccionaron 326 estructuras cuadradas y rectangulares, incluyendo paralelogramos ligeramente sesgados con ángulos que se desvían de 90° en no más de 2°. Utilizando el servicio satelital Google Earth Pro, el investigador midió manualmente los acimutes de los muros, más precisamente del lado cuyo acimut está más cerca de la dirección este. Este procedimiento es similar al enfoque utilizado en el estudio de las ciudades romanas. La resolución de las imágenes (aproximadamente 30 cm) y la precisión de la georreferenciación al norte permitieron obtener datos con un error no mayor de ±1°. En esencia, estamos frente a una fotometría remota: el análisis de la luz reflejada por la superficie terrestre, pero no para estudiar estrellas, sino para reconstruir paisajes antropogénicos. El método recuerda el registro de tránsitos del Sol a través del horizonte en fechas significativas. Para aumentar la fiabilidad, se revisaron imágenes históricas del archivo del programa para cada objeto, y las discrepancias se promediaron, un procedimiento similar a la interferometría en radioastronomía. Aunque la resolución en superficie es inferior a la del telescopio Hubble, para fines arqueológicos fue suficiente. El análisis estadístico incluyó la estimación de la entropía de la distribución de acimutes y el método de mezclas gaussianas para identificar los picos. La hipótesis nula de una distribución uniforme fue rechazada mediante una prueba p.
La distribución de acimutes (Fig. 2) reveló de inmediato tres picos prominentes: alrededor de 68°, 89.5° y 115°. La significación estadística de los picos en 68° y 115° es extremadamente alta (p ≈ 5×10⁻¹⁰); el pico central tiene una significación marginal (p ≈ 0.5), pero su correspondencia con la dirección cardinal este-oeste merece atención. Las tres direcciones se encuentran dentro del arco solar (66°–114° para la latitud media de 9°30' S), y fuera de él la frecuencia cae bruscamente. El pico de 115° coincide exactamente con el acimut de salida en el día del solsticio de verano, lo que apunta directamente al interés de los constructores por el Sol y, posiblemente, por el calendario agrícola. El pico de 68° está ligeramente desplazado del solsticio de invierno; corresponde a fechas alrededor del 29 de mayo y el 14 de julio. El autor lo relaciona con el final de la temporada de lluvias a fines de mayo, cuando el Sol sale en esa dirección, marcando el inicio de la estación seca, crítica para la doble cosecha de maíz. El pico central de 89.5° refleja la orientación hacia el equinoccio y, más probablemente, una orientación cardinal consciente, típica de muchos objetos sagrados desde Stonehenge hasta las ciudades mayas. La baja entropía confirma: la elección de direcciones no fue aleatoria.
Los resultados muestran por primera vez de manera convincente que los creadores de los geoglifos amazónicos poseían conocimientos astronómicos y los incorporaban en su arquitectura monumental. Esto indica un carácter ritual-ceremonial, más que defensivo o utilitario, al menos para las estructuras rectangulares. Posiblemente estamos ante santuarios o marcadores calendáricos, similares a los terraplenes de Hopewell en Ohio, donde también se han identificado orientaciones solares. El hecho de que los picos correspondan a los extremos y al cardinal refuerza la hipótesis de una cuadripartición simbólica del mundo. Además, la vinculación con fechas agrícolas recuerda que el Sol era el «reloj» de las sociedades antiguas, regulando los ciclos de siembra y cosecha.
Este estudio abre varias direcciones. Dado que muchas estructuras aún están ocultas bajo el dosel forestal, es prometedor el uso de escaneo lidar aéreo para detectar nuevos objetos. Los algoritmos informáticos basados en el aprendizaje automático aprendizaje automático podrían encontrar y clasificar automáticamente geoglifos en vastas áreas. Finalmente, la simulación numérica del horizonte antiguo teniendo en cuenta la altura de los árboles permitirá precisar los acimutes reales, ya que el bosque podría haber desplazado los puntos de salida. La integración con datos paleoclimáticos y excavaciones arqueológicas detalladas probablemente confirmará la hipótesis calendárica.
Los resultados influirán en la arqueología de la Amazonia, obligando a revisar las ideas sobre la complejidad de las sociedades precolombinas de la región. La metodología es aplicable al análisis de estructuras de tierra similares en todo el mundo, desde Gran Bretaña hasta el valle del Misisipi, así como para verificar hipótesis astronómicas en otros contextos donde los paisajes alterados se estudian con telescopios y satélites.
Los próximos pasos incluyen la verificación sistemática de la orientación de las estructuras romboidales, que posiblemente estaban orientadas por sus diagonales hacia los puntos cardinales. También es necesario precisar la datación de las estructuras para comparar las direcciones con la precesión y excluir una coincidencia aleatoria con acimutes estelares.
La investigación aborda el problema fundamental de reconstruir la cosmovisión de culturas «mudas», que no dejaron registros escritos. También plantea la cuestión del grado de influencia del entorno —en particular, del bosque que existía entonces— sobre la precisión de la observación de los astros celestes. Finalmente, queda abierta la cuestión de cuán universal fue el impulso de orientar las construcciones sagradas según el Sol y los puntos cardinales.
Esta sección está dirigida al autor del trabajo y a sus colegas. Los trabajos vecinos los encontró la búsqueda por significado en nuestro archivo, no por coincidencia de palabras. No evaluamos: mostramos el campo alrededor.
Qué hace el trabajo
En el estudio se midieron los acimutes de 326 geoglifos cuadrados y rectangulares de la Amazonía a partir de imágenes satelitales. El análisis estadístico reveló una orientación no aleatoria que correlaciona con los puntos de salida y puesta del sol en los solsticios y equinoccios. Esto indica el significado astronómico y calendárico de las estructuras.
Dónde está su fuerza
La fortaleza del trabajo radica en el enfoque sistemático para medir la orientación de un gran conjunto de objetos arqueológicos y en la rigurosa verificación estadística de la hipótesis sobre su vínculo astronómico. Esto crea una base cuantitativa para futuras comparaciones.
Hacia dónde puede avanzar
Vale la pena probar
Por qué puede importar
Comprender la orientación astronómica de los geoglifos puede ofrecer una clave para reconstruir los sistemas calendáricos y la vida ritual de las antiguas sociedades amazónicas, así como replantear sus habilidades de ingeniería y observación.
Trabajos cercanos en nuestro archivo
El archivo está vacío alrededor de este trabajo: el análisis más cercano queda en 0.56, frente a un 0.64 habitual. Parece que aquí al lado casi nadie ha perforado.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2607.14201
Amazonian earthworks, also called geoglyphs, are thousands of man-made earthen structures, mostly of geometrical shape, which progressively emerged from the tropical forest due to progressive deforestation. They were probably built between the fifth century BC and the end of the first millennium AD, but archaeological investigation on the culture of their builders is yet at the beginning. Nevertheless, a ceremonial rather than practical function seems likely, at least for those having a very regular shape. In the present paper, simple remote-sensing technique, combined with the methodological approach of modern Archaeoastronomy, are applied to study for the first time their orientation. The analysis takes in consideration virtually all known squared and rectangular structures for a total of 326 earthworks. The results show without doubts a non-random choice for their orientation and a clear interest of their builders for the annual cycle of the Sun.
Curiosamente, el acimut de 68° casi corresponde a la dirección del punto de puesta de la Luna llena en su posición extrema norte (alrededor de 61°), pero el pico estadístico es demasiado estrecho para la hipótesis lunar. Probablemente, los constructores ignoraron la Luna, concentrándose por completo en el Sol.
El concepto de «puertas solares» o portales que se activan en los días de solsticio se explora en la ciencia ficción, por ejemplo en la novela de Arthur C. Clarke «La luz de otros días», donde los antiguos megalitos sirven como llaves a otros mundos. Los geoglifos amazónicos, tal vez, fueron precisamente esos umbrales rituales entre el tiempo profano y el sagrado.